Presentación
Este proyecto no es fruto de ninguna epifanía; el mismo nombre es un préstamo, modificado, de una frase que figura al inicio de El diablo cojuelo: “patarata de la muerte”. Surge a partir del deseo de exponer la obra de nuevas plumas en un panorama literario detentado por los apellidos de siempre y por las caras famosas que un buen día deciden escribir —o que, en aras de sí mismos, ponen a escribir a artesanos anónimos—, partiendo, claro está, de dos premisas: que la escritura es, ante todo, trabajo, y que autor novel no es sinónimo de diletante.
La diferencia entre el diletante y quien escribe radica en que el primero vive en un perpetuo estado de inspiración, el cual suele cobrar forma en largas disertaciones sobre proyectos nunca consumados, mientras que el segundo finge que hay tal cosa como la inspiración a sabiendas de que, tras el fingimiento, falta el pequeño detalle de ponerse a escribir (sin hablar de dos pequeños detalles complementarios e imprescindibles: el reposo y la revisión que todo texto merece y necesita). De la inspiración puede afirmarse lo que Gómez de la Serna declaró sobre el amor: que “nace del deseo repentino de hacer eterno lo pasajero”. Patarata del Estro es un espacio para los escritores en lengua española que escuchan el llamado de la inspiración con amigable recelo, del mismo modo en que se le presta oído a un borracho locuaz, y que, a pesar de la brega que implica la escritura, aún son capaces de divertirse, quizá porque no hay otra forma de disfrutar la vida que bregando.